Disnea.

Con la sensación constante de estar atrapada en la corriente que me arrastra, sin aire y a punto de desvanecerme en algún momento, grito sin voz exigiendo a lo que me zarandea que me ahogue del todo o me escupa en cualquier orilla fangosa hasta gatear a tierra seca.

Y justo ahí, justo en el punto entre quedarme sin aire del todo o salir a la superficie, entre imágenes borrosas que me impiden aclarar si me encuentro más cerca del principio que del fin, Continuar leyendo «Disnea.»

El cobarde.

Has cambiado.- Me dijo entre descansos de una relación a punto de morir.
Como si el cambio fuese mejor que quedarse estancado en el mismo punto eternamente. Para siempre.
Pude decirle muchísimas cosas, era la oportunidad perfecta para hacerle saber que los juegos mentales y los chantajes baratos no son justos ni correctos en una relación de iguales, que quererse bien es quererse bonito y quererse libres, libres de cambiar, de ir, de volver, de crecer, de empequeñecerse, de equivocarse, de arrepentirse.

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El mundo y tu.

Hemos conquistado incontables calles contradiciendo a todos los que nos decían que era imposible quererse tanto sin romperse por dentro. Hay calles que nos han visto querernos más que las sabanas del hotel donde nos cosimos lento. Todavía llueve en aquellos rincones donde generamos tormentas de tanto mirarnos.

Deberíamos volver siempre antes de iluminar ciudades nuevas con el brillo de tus ojos. Volver a Madrid. Volver a Roma. Volver a casa. Volver a los lugares donde hemos sido tan felices que todavía hay rastro de mis huellas borradas para no encontrar el camino de vuelta nunca.

(Si para volver solo necesitas cerrar los ojos es que el viaje ha merecido la pena.)

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Tres veces no.

Aunque parezca el título de una película mala tú y yo nos hemos negado tres veces como el que niega que miente en la escena del crimen.  Nunca debimos ser. Pero fuimos y estuvimos en una galaxia que ahora nos queda a años luz y nos convierte en absolutos desconocidos.

Fue un error.

La piedra en el camino.

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Rutina en Agosto. 

No tengo muy claros los límites de la tristeza los días que sé que voy a tener lejos tu sonrisa. Las escalas de grises aparecen y se llevan todos los colores, para ocuparse de que el día sea largo y vano. Los límites de la dependencia humana, esos sí que los tengo claros, pero se vuelven más complicados cuando te pierdes lo único que no cambiarías de tu vida. El paso del tiempo es una losa que no me deja dormir y me atormentan los días, las horas, los minutos perdidos en sitios vacíos que en lugar de restar aportan oscuridad a los días más brillantes.

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