De vergüenza también se vive.

Siempre quise escribir y nunca tuve narices.
Ni valor.
Ni ovarios.
Ni poca vergüenza.
Siempre preferí esconderme en el sofá, bajo los sueños de los demás.
Me da vértigo, será un problema de altura.
Aunque tu creas en mí yo siempre voy a creer que me voy a estrellar. Cómo si abrirse la cabeza al pegarse una hostia descomunal fuese el fin de todo. Va a doler, lo sé. Pero el vacío ya no me deja dormir, y mis vacíos se llenan con letras. Y tengo que madrugar para ir a la oficina, ¿lo ves? no puedo no dormir.

Te estoy diciendo, 

que me está costando

lo indecible,

una cosa horrible,

hacerlo público.

Que esto,

es lo que quiero.

Me va a dejar cicatriz, lo sé. 

Siempre he sido más de esconderme que de dejarme ver, más introvertida que extrovertida, más de noche que de día. Nunca seré una chica risueña, de las que se quedan calladas cuando deben hacerlo. Prefiero equivocarme, poder torturarme con ello. Y tengo miedo, ya lo creo que sí. Pero imagina que sale bien, y abandono las excusas para no sonreír. Claro, no te lo crees ni tú. Es que no hay por dónde cogerlo.
Te estoy diciendo, que no sé cómo voy a despertar mañana, que ni idea de qué día es, ni de qué color llevas el maldito vestido. Te estoy diciendo quién soy, y si pudiese moverme, te daría un abrazo. Te digo, que la maldad de la gente paraliza pero que la bondad abunda.
Y yo qué sé, mira qué si nos sale bien.
Vamos a ignorarlos, voy a escribir. 

Teóricamente (in)correcta.

Tengo bastante claro el guión del amor sano. Las normas de una relación normal. El amor inteligente. Nada dañino, algo natural. Quererte, no necesitarte, desearte felicidad sin mí, conmigo, con ella, con nadie. Quererme a mí antes que a ti, que tienes intereses propios, que puede que al final tu camino no sea el mío. Que eres libre, que no somos uno, que la puerta que está abierta para salir, igual está cerrada para entrar. Sin juicios, sin propiedades, sin títulos, compañeros libres.

Ja.
Qué puta la teoría.
Que desintoxicada se presenta.

No te lo creas, es todo mentira.

 

Como te decía, lo entiendo. Sé lo que es, acepto el concepto, lo proceso.
Pero no nos engañemos.
La práctica, la práctica se me da asquerosamente mal.

Y no te voy a mentir, me está costando practicar.
Será que soy un desastre emocional, te lo resumo aquí:
En la práctica te quiero para mí, lo entiendo; eres libre. Pero si tengo que elegir, voy a ser egoísta; que tu felicidad esté aquí, conmigo. Que la mires, y te acuerdes de mí. Que necesites un abrazo y quieras el mío. Que la última noche, la desperdicies conmigo. Que tu plan de vida, sea el mío. O mejor, sin plan, compartir el caos. Que cuando quieras desaparecer, sea en mi compañía. Que prefieras discutir conmigo, que follar con otra. Que la libertad te guíe a mi puerta. Que tu olor favorito, sea el de mi pelo. Y tu sonido favorito, el de mi risa.
Claro, puta egoísta, pensarás.
Joder, QUÉ SÍ.
Que sé que no te tengo que necesitar, que la dependencia es una mierda, que no es amor, que es un invento, algo barato, de mentira, algo comercial.
Lo sé.

Lo sé.

 

De verdad,
la teoría es muy bonita,
pero yo prefiero estar mirando toda la vida tus pestañas. 

Veinticinco.

Yo nunca quise casarme.
Nunca quise;
Una casa,
un coche,
la rutina.
Algo ordinario.
Nada especial.
Lo mismo que todos,
algo desigual.

Nunca quise, conformarme.
Jamás cruzó mi mente
atravesar el amor con un contrato,
ponerle puertas al campo,
intentar encerrar el mar.

Y ahora,
lo quiero todo.
Al niño llorando
a las 3 de la madrugada.
Verte la cara
al otro lado de la sala,
y saber que te habría elegido
cien mil vidas más.
Recorrer un pasillo,
hacia mil posibilidades.

Lo quiero todo,
la vida entera,
todas las cicatrices,
los desquicios,
las peleas,
los desencuentros,
las dudas,
y ni un solo arrepentimiento.

Quiero mi vida,
y todas sus posibilidades.
Encontrarme a mi misma,
en todas mis dimensiones,
contigo a mi lado.
Ser quien quiero ser,
decirle hola a la vida,
crecer contigo,
sonriendo a escondidas.

Tanta historia,
para decirte,
que me siento imparable.
Que has roto,
mis esquemas.
Que he encontrado,
lo excepcional,
en lo común.
Lo singular,
en lo ordinario.
Que haces lo aburrido,
algo inesperado.

Todo esto,
para decirte,
cumplo veinticinco,
siento el mundo a mis pies.
Así me siento.
Imparable.
Inmensa.
Infinita.

Completa y absolutamente,
VIVA.

Lo bonito del desastre.

Por qué no nos hicimos una puta foto juntos ayer está directamente relacionado con mi incapacidad para tratarte tan bien como te mereces y con mi costumbre de pasear mi amor propio por el suelo de toda la ciudad hasta el momento en que me llevas arrastrando a casa.
Soy el desastre personificado. Lo sé yo, lo sabes tú, lo sabemos todos. Soy ese momento de caos antes de salir de casa cuando llegas tarde a trabajar, la incapacidad de poner a funcionar todas mis habilidades, ese pelo que siempre se mueve de su sitio después de haber salido peinado de casa, todas las cosas molestas que el universo se empeña en poner ahí para jodernos la vida.
Fallos tenemos todos, pero lo mío no es normal.
Por eso cada día me sorprendo más cuando decides no salir por la puerta.
Por eso cada día me sorprendes más al no rendirte conmigo.
¿Te quedas entonces? Puedo intentar cambiar, no hablarte mal, matar los demonios. Darme cuenta de lo hija de puta que soy cada vez que pago contigo lo que no puedo pagar conmigo. No castigarte a ti por mis errores. Joder, tiene que ser difícil quererme. Aún así, ¿te quedas? Es que contigo me siento a salvo, en calma, en casa. Puedo darte las gracias y pedirte disculpas toda la vida, no bastaría ni para empezar, porque eres demasiado, ¿seguro que eres real? Te quiero, ¿te lo he dicho ya?
Decir que tengo un ángel de la guarda es quedarme corta cortísima.
Lo bonito del desastre es que inexplicablemente te quedes.
Pero prometo compensarte. Y te aseguro que merecerá la puta pena. 
 
Porque también puedo ser jodidamente buena. 

Junio.

Hace poco me la encontré por el camino, y no la he visto igual. Puedes verla cargando pistolas con flores, cosiendo cicatrices con hilos de esperanza. De esas que salen a bailar cuando hay tormenta, descalzas y con vestidos de colores. De las que nunca podrás rescatar, porque se rescatan a sí mismas. Las más emocionales, de esas que experimentan la vida a través de los poros de su piel. No conocen la maldad, y cuando se la encuentran, la combaten. Pero no es una lucha con armas, luchan con compresión, con amor. Con amor. Porque saben que el amor es la respuesta, porque han visto los ojos de aquéllos que han vivido sin amor, y saben que no hay nada peor. Te lo juro, la he visto luchar a contracorriente, contra todo, contra todos, contra el mundo y, a veces, incluso, la he visto luchar contra sí misma. Y la he visto salir en pie, cosiéndose heridas profundas sin anestesia. Y no sabéis qué puta suerte poder verlo, joder.
La han llamado loca, separatista, conflictiva, incomprendida y, a veces, la han tratado mal. Pero no han sido más que ataques provocados por la ira del desconcierto de quien no puede entender lo excepcional, lo único, lo auténtico. Ha pagado el precio por ser libre, y ahora, vuela más alto que todos vosotros.
Y encima va, y nace en Junio.
Feliz cumpleaños, guerrera.