Septiembre.

Te espero en silencio mientras voy encontrando emociones nuevas y un vértigo descomunal que dispara preguntas que sigo sin tener claro si algún día sabré contestar.

La intensidad que me traspasa a veces angustia lo que debería ser felicidad y no pasa nada; yo te enseñaré a enfrentarte a tus peores miedos porque yo ya lo he hecho. De luchas a muerte contra monstruos internos he ganado cicatrices que me recuerdan que puedo. Continuar leyendo «Septiembre.»

Tiempo de caridad.

Resulta que la felicidad estaba escondida detrás del tiempo de cuidado que me robaron hace veinte meses, y que lleva quemándome en las pupilas desde entonces impidiéndome mirar.

Resulta que he sido incapaz de normalizar el desapego, que mi pecho no ha sabido congelar las emociones que me han roto en diez mil trozos haciéndome explotar.

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El neurótico.

Me gustan los Sábados porque me despierto y sigues aquí, y tu presencia llena el hueco vacío que me impide verte despertar el resto de días ocupados de rutinas aburridas. Y desayunar sin prisa mientras nos miramos y sonríes porque tú sabes que yo sé que los dos sabemos que sigues siendo el ancla que impide que me haya perdido a la deriva. Y créeme, lo sé muy bien.

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El cuervo.

Todo el veneno y todo el odio han ido adentrándose poco a poco, creando una membrana oscura recubriendo lo que late dentro de mi pecho, dejando pocas partes vulnerables a tanta mierda.

Donde al pinchar debería correr un hilo de sangre, se rompe la aguja dejando intacto el mecanismo que oxigena lo que da brillo a mis ojos. Continuar leyendo «El cuervo.»

La derrota.

Me han vuelto a llamar para volver al frente, y por primera vez desde que empezó la guerra, he dicho que no. Por primera vez en catorce años he decidido dejar de luchar contra muros gigantes e inamovibles que intentaba derrumbar a puñetazos con las manos desnudas. Me rompí las manos, las muñecas y la certeza, de tantos intentos inútiles tratando de derribar cimientos levantados durante generaciones y generaciones de creencias que no comparto, y por primera vez, he sido capaz de dejarlos ahí, de aceptar que hay cosas que jamás se van a poder cambiar aunque empeñes tu vida a ello. Por primera vez he abandonado la esperanza y la fé, rindiéndome ante la corriente que me arrastraba una y otra vez.

Y con la rendición llegó el fin de la guerra, Continuar leyendo «La derrota.»