El neurótico.

Me gustan los Sábados porque me despierto y sigues aquí, y tu presencia llena el hueco vacío que me impide verte despertar el resto de días ocupados de rutinas aburridas. Y desayunar sin prisa mientras nos miramos y sonríes porque tú sabes que yo sé que los dos sabemos que sigues siendo el ancla que impide que me haya perdido a la deriva. Y créeme, lo sé muy bien.

Me gustan los Sábados porque la prisa no nos acompaña mientras todavía nos cogemos de la mano para ir a cualquier parte, y que en ese cualquier parte sigo teniendo la certeza de que al mirar por encima de mi hombro ver tu silueta me hará sonreír, aunque tú no lo vayas a ver. Pero sobre todo me gusta cuando me miras y me recuerdas que todavía tengo sueños por cumplir, cuando me empujas y me vuelves a repetir que me autoboicoteo asumiendo el fracaso antes siquiera de empezar.

Sobre todo cuando después de tantos años me sigues pellizcando las entrañas en medio de cualquier día rutinario echándote de menos, a ti y a nuestras conversaciones sobre el universo, el ser humano, y el idiota del vecino. 

Sobre todo porque todavía sigues siento tú y tu sonrisa salvavidas. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *