Disnea.

Con la sensación constante de estar atrapada en la corriente que me arrastra, sin aire y a punto de desvanecerme en algún momento, grito sin voz exigiendo a lo que me zarandea que me ahogue del todo o me escupa en cualquier orilla fangosa hasta gatear a tierra seca.

Y justo ahí, justo en el punto entre quedarme sin aire del todo o salir a la superficie, entre imágenes borrosas que me impiden aclarar si me encuentro más cerca del principio que del fin, apareces siempre. Siempre tu que ya no estás pero sigues estando sin estar, que no te puedo contar que he vuelto a estudiar, que hoy he discutido a pulmón y grito abierto con aquel que me trajo a este mundo sin pedírselo. Siempre tu que sé que me entenderías como nadie porque de desavenencias parentales, para nuestra suerte o desgracia, también sabes un rato.

Ahora que la vida me atropella un abrazo tuyo no tendría precio.

Han pasado ocho años y te sigo echando de menos.

No me libro de ti ni sin aire.

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