La cuenta atrás.

Ojalá ahora un abrazo tuyo diciéndome que tener las cosas claras no es malo. Que cambiar es adaptarse, la adaptación inteligencia. Ojalá mentiras piadosas.
Que me mientas.

Todavía tengo rayos de sol en la nuca pero hielo en las manos. El frío no me deja notar el peligro y me estrello. Sin frenos ni colchoneta, el dolor me despierta. ¿Sigo viva? Vivir es complacernos mientras respiramos y es consciencia del suspiro con probabilidades de ser el último.

Los que nos agobiamos por las posibilidades infinitas de la vida sabemos que nunca vamos a cumplir sueños. Somos más de construir muros que de alcanzar metas.

No me escuches, en realidad. De todos modos, es todo mentira. La verdad es una puta relativa que se cambia las bragas según quien venga. Cuando se trata de mí, nunca se las pone.

No pretendo ser profunda, el sentido de la vida me importa lo mismo que las verdades que escupen los que buscan herir. Pero, y esto te lo digo sin pretensión alguna, si no puedo dormir algo pesa y hoy es la inmensidad de todo.

El día que te vas y no vuelves debe ser en el que lo entiendes todo. Arrepentirse es para los curas, yo prefiero el regocijo de lo poco correcto, el orgullo de lo inaceptado y la cabeza alta de la puta sinceridad.

Los que han escrito sobre perderse lo hicieron cuando se encontraron. Los que vivimos perdidos no tenemos ni puta idea de dónde queda el encuentro.

Caminar por la ruta correcta debe ser algo así como un orgasmo en el momento justo. Claro que yo de eso, ni puta idea, he llegado aquí sin mapas.

Los objetivos son para los valientes que no temen no llegar nunca. Los cobardes preferimos la comodidad del sofá, lo confortable de la rutina. No es tan emocionante, pero mata igual.

Si me vuelves a sacar el tema me haré la loca.

Sonreír a la vida sigue siendo la forma más lógica de sonreirle a la muerte.

De vergüenza también se vive.

Siempre quise escribir y nunca tuve narices.
Ni valor.
Ni ovarios.
Ni poca vergüenza.
Siempre preferí esconderme en el sofá, bajo los sueños de los demás.
Me da vértigo, será un problema de altura.
Aunque tu creas en mí yo siempre voy a creer que me voy a estrellar. Cómo si abrirse la cabeza al pegarse una hostia descomunal fuese el fin de todo. Va a doler, lo sé. Pero el vacío ya no me deja dormir, y mis vacíos se llenan con letras. Y tengo que madrugar para ir a la oficina, ¿lo ves? no puedo no dormir.

Te estoy diciendo, 

que me está costando

lo indecible,

una cosa horrible,

hacerlo público.

Que esto,

es lo que quiero.

Me va a dejar cicatriz, lo sé. 

Siempre he sido más de esconderme que de dejarme ver, más introvertida que extrovertida, más de noche que de día. Nunca seré una chica risueña, de las que se quedan calladas cuando deben hacerlo. Prefiero equivocarme, poder torturarme con ello. Y tengo miedo, ya lo creo que sí. Pero imagina que sale bien, y abandono las excusas para no sonreír. Claro, no te lo crees ni tú. Es que no hay por dónde cogerlo.
Te estoy diciendo, que no sé cómo voy a despertar mañana, que ni idea de qué día es, ni de qué color llevas el maldito vestido. Te estoy diciendo quién soy, y si pudiese moverme, te daría un abrazo. Te digo, que la maldad de la gente paraliza pero que la bondad abunda.
Y yo qué sé, mira qué si nos sale bien.
Vamos a ignorarlos, voy a escribir. 

Veinticinco.

Yo nunca quise casarme.
Nunca quise;
Una casa,
un coche,
la rutina.
Algo ordinario.
Nada especial.
Lo mismo que todos,
algo desigual.

Nunca quise, conformarme.
Jamás cruzó mi mente
atravesar el amor con un contrato,
ponerle puertas al campo,
intentar encerrar el mar.

Y ahora,
lo quiero todo.
Al niño llorando
a las 3 de la madrugada.
Verte la cara
al otro lado de la sala,
y saber que te habría elegido
cien mil vidas más.
Recorrer un pasillo,
hacia mil posibilidades.

Lo quiero todo,
la vida entera,
todas las cicatrices,
los desquicios,
las peleas,
los desencuentros,
las dudas,
y ni un solo arrepentimiento.

Quiero mi vida,
y todas sus posibilidades.
Encontrarme a mi misma,
en todas mis dimensiones,
contigo a mi lado.
Ser quien quiero ser,
decirle hola a la vida,
crecer contigo,
sonriendo a escondidas.

Tanta historia,
para decirte,
que me siento imparable.
Que has roto,
mis esquemas.
Que he encontrado,
lo excepcional,
en lo común.
Lo singular,
en lo ordinario.
Que haces lo aburrido,
algo inesperado.

Todo esto,
para decirte,
cumplo veinticinco,
siento el mundo a mis pies.
Así me siento.
Imparable.
Inmensa.
Infinita.

Completa y absolutamente,
VIVA.