La magia del privilegio.

El privilegio sesga y no te deja ver más allá de tu propia nariz. Nos ciega y nos aísla de las realidades distintas de las que orbitan alrededor de nuestros pies. Nos convierte en seres incapaces de reconocer el dolor ajeno de aquél que nos dice que estamos generando un daño. Nuestras situaciones de poder  pisotean las manos y las almas de aquelles que el sistema ha relegado a tener menos por ser diferentes. Nos separa del lado más cruel de una realidad que no espera, no acompaña y no cuida.

Continuar leyendo «La magia del privilegio.»

Todavía.

Después de todo este tiempo, después de todas las miradas, todos los olores y todos los obstáculos saltados. Después de todas las discusiones y disputas, de todos los portazos, los objetos voladores, las lágrimas y la pasión. Después de verte cada día, después de despertarme contigo, después de contarnos y besarnos todo, después de haber peleado con todo y con todos. Después de habernos quedado solos, después de ir a contracorriente y después de haber ganado, y perdido. Después de todo. Aún te veo. Aún estás aquí. Aún suspiro cada vez que te veo llegar. Todavía veo el sol en tus ojos, y aún te quiero como si fuese a morir por ello, aunque a veces parezca que no, aunque a veces se me olvide. 

Eres mi constante, mi punto fijo, mi amarre en medio de la nada más absoluta. Y por mucho que lo intente, por mucho que utilice palabras tratando de construir una descripción de lo que tenemos, es en vano; es una sensación inmensa que lo abarca todo. Es como si todo encajase en su sitio de una forma sencilla, simple, fácil.

A veces te odio, no lo voy a negar. A veces siento que esto se acaba, que nos hemos quemado, que hemos gastado todos los cartuchos, que la rutina nos ha ganado. Pero aún en esos momentos, aún si eso ocurriese, si nuestros caminos se dividiesen, te seguiría queriendo. Pase lo que pase, yo te querré siempre. Me has dado tanto, me has enseñado tanto, que no podría no quererte. Eres mi persona. Y lo que se siente al saber, que no importa lo que pase, que no importa cual sea el final, porque siempre me importarás, no tiene precio, ni descripción alguna.

Todavía sigo queriendo escaparme contigo, al otro lado del mundo o al otro lado de la calle. El lugar, como siempre, no importa.