Disnea.

Con la sensación constante de estar atrapada en la corriente que me arrastra, sin aire y a punto de desvanecerme en algún momento, grito sin voz exigiendo a lo que me zarandea que me ahogue del todo o me escupa en cualquier orilla fangosa hasta gatear a tierra seca.

Y justo ahí, justo en el punto entre quedarme sin aire del todo o salir a la superficie, entre imágenes borrosas que me impiden aclarar si me encuentro más cerca del principio que del fin, Continuar leyendo “Disnea.”

Goodbye.

Hace tiempo que no paso por tu mundo y me llamas ignorando el final inevitable de todo lo finito. Nuestro tiempo ha pasado igual que pasaron los días despreocupados llenos de ignorancia.

La barra que nos vió gobernar la noche sigue esperando un reencuentro que no va a suceder. Sigues siendo la reina del baile, y no voy a sacarte a bailar.

Te quiero, pero me tengo que ir.

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Nostalgias rutinarias y amores aburridos.

A veces, en el tejido constante de la rutina, echo de menos cosas.

La nostalgia llega, siempre, sin avisar, y yo siempre me pregunto cómo puede ser posible tener nostalgia de ti, si te tengo sentado a mi lado.

Pero sí, echo de menos, y lo hago de tal manera que me pierdo en ello todo el tiempo, cada momento, cada segundo. Siempre distraída, siempre en las nubes.
No soy una ilusa, soy realista, abandoné tiempo atrás la idea del amor romántico, del amor apasionado, del amor loco. Y lo echo de menos. Echo de menos la forma en que me miras, a veces, como si la rotación de la tierra estuviese ligada a mí, como si girase única y exclusivamente porque yo estoy en ella. Que me soples a los ojos mientras duermo, para abrirlos y verte mirándome, y ver mis ojos en los tuyos, y perdernos en la profundidad que nos tenemos. Tu mano en mi espalda acercándome a ti, porque no quieres que haya ni un solo soplo de aire entre nosotros. Tu respiración en mi cuello, y quedarnos quietos, abrazados, teniéndolo todo. Que no quieras que de ni un paso, porque me quieres a tu lado. Tu mano en la mía, con apretones que significan más que mil palabras juntas. Mi mano por tu pelo, la tuya en mi cintura, estando juntos. Porque estar en el mismo sitio no tiene por qué significar estar juntos, te echo de menos.

Y luego veo una película de amor, de esas en que todo es perfecto hasta el final, y me quedo nostálgica perdida días y días. Estás ahí, sin mirarme, sin tocarme, y yo me aburro, porque la rutina mata hasta el fuego más arraigado y extendido de todos. Y me sorprendo preguntándote si me quieres, y tu te irritas porque lo dude, y yo no dudo, pero no lo siento. ¿Qué puedo hacer si me falta profundidad, intensidad, pasión? ¿Qué puedo hacer si, aunque lo niegue y no quiera serlo, soy romántica por nacimiento? ¿Qué puedo hacer si siento estar tan enamorada que se me parten hasta los huesos? Y eso que no siempre me caes bien, y eso que a veces, te odio. Sobre todo te odio por quererte tanto. Ojalá te quisiese menos, al menos, un poco menos.

Al final, te miro y se me pasa todo. Y me dices que te vas a dejar el pelo largo, y yo sonrío y te imagino con melena. Es mentira, no te imagino, siempre has sido de pelo corto. Pero lo intento y solo me veo a mí más enamorada, y pienso que no, que eso no es posible. En realidad, estarías guapísimo. Y a mí, a mi me da igual, porque te quiero, y ya está.