El tipo amarillo.

Resultan curiosos los seres extraños que no siempre se encuentran con facilidad en la tierra de la calma. Cuando sales de un casi país para llegar a la isla más comarcal de todas, demuestras algo de valentía y un poco de decisión.

El tipo en cuestión se ríe de tu cara de lunes y parece feliz en la rutina que le lleva cada día a una oficina de gente seria, y después en su bar mira juegos a cuerpo y al suelo, que le acompañan hasta lugares de locos donde se queman muñecos en hogueras y se celebran festividades paganas.

A él le debo este invento y caída al vacío así que para él va la primera patada, gracias.

 

Vuelta al Big Bang.

Hoy he vuelto a pasar por dónde empezó todo.

He pasado por donde te miré por primera vez como te miro ahora y las puertas del parque estaban abiertas de par en par, exactamente igual que la primera madrugada que me acompañabas a casa caminando despacio para no llegar nunca.

He pasado y el tiempo también.

Continuar leyendo “Vuelta al Big Bang.”

La mujer eterna.

“Ayer, hoy, mañana y siempre.
Eternamente a tu vera.”

Hoy me acuerdo de ti más de lo normal.

Yo que siempre creía en algo después de la muerte, ahora sé que algo es pasar de ser humano a ser recuerdo. Ser punzadas en el alma, pellizcos en el pecho.

Que si escucho las coplas que nos cantabas, vuelvo al salón de tu casa, contigo en la cocina, cantas y cocinas, yo te miro y admiro. La aparente realidad de los recuerdos me consuela los días que te echo de menos a rabiar. Me consuela de saber que no te podré abrazar más, que no me mirarás más extrañada por comportamientos modernos que nunca comprendiste, que no me enseñarás a cocinar, y sobre todo, me consuela, de que no te volveré a escuchar cantar más.

Las cicatrices de la historia escritas en las arrugas de tu piel, historias de la Mancha profunda grabadas a fuego. Amantes de madrugada con trajes de fantasmas, anécdotas paranormales y la leyenda de la luna. Que la luna tiene dibujos porque bajó a tragarse a un hombre en su lamento y no porque sea un satélite. Ellos no tienen ni idea, nosotras sabemos la verdad.

La oportunidad que te robó la guerra nos la diste tu a nosotros a base de sangre fría y coraje. Ni un ejército de cien hombres igualaría tu voluntad. Tardará la humanidad en volver a ver semejante mujer de acero, de altura infinita, temperamento de mil tormentas, bondad de santa, y guapa, guapa como ninguna. Con la inocencia intacta hasta encontrarte con la muerte, a mí nunca dejaste de sorprenderme.

Te llevo clavada y tatuada, y te pienso, no exagero, al menos un instante al día. Luego hay días como hoy, que sin un abrazo tuyo me cuesta respirar. Hablar de ti aún les cuesta porque tu ausencia duele como si te hubieses ido ayer. Siempre fuiste de las que dejan huella. Llevar tu nombre en el mío el mayor de los honores, aunque nunca sea la mitad de mujer de lo que fuiste tu.

Hacía tiempo que no te decía nada. En realidad solo tenía ganas de contarle a la nada que soy la persona más afortunada por haber sido criada por una mujer como tu. En realidad solo quería contarle al mundo que aunque pudieses serlo, no eres leyenda, eres realidad. Que si alguien como tu ha podido existir, los que aún seguimos aquí podemos conseguir cualquier cosa.

Posiblemente algún día me extienda más y les cuente como sacaste adelante a una familia entera tu sola sin haber pisado nunca una escuela. Tal vez algún día me siente a escribir la historia de cómo fuiste capaz de sobrellevar durante una vida entera la pérdida de tu gran amor, de cómo corrí hacia tu casa antes de tu entierro para coger su foto y enterrarte con ella. Puede ser. Puede que algún día les cuente la verdad. Entenderán lo extraordinario que se esconde en lo que parece común, y podrán conocerte aunque no estés aquí. Porque no estás aquí pero sigues estando.¿Lo ves? Hace 8 años y medio que no te veo, y aquí estoy, hablándole de ti al mundo. A lo mejor por eso me gusta escribir, porque se quedaron pendientes todas las palabras que tu nunca pudiste plasmar en el papel, aunque lo seguiste intentando hasta el último momento, eso sí. Lo que decía, la mujer más testaruda del mundo.

El día que te fuiste uno de los peores de mi vida. Recuerdo a las enfermeras, tan poco asustadas por la muerte, y yo paralizada de terror, incapaz de decirte lo que te quería, lo que te quiero, lo que te iba a querer. ‘Os parecéis‘, dijeron. Creí que era un intento de consuelo, pero no te miento, era verdad. Me miro y te veo. Veo rasgos tuyos y rezo por parecerme más en lo interior que en lo exterior, que me salga tu templanza de las entrañas y me de la fuerza de terminar el camino con la misma dignidad que lo hiciste tu, que no te ha tumbado ni la muerte, porque te fuiste pero sigues viva, aún nos das impulso en los momentos más oscuros, que siempre nos darás ejemplo en la eternidad del tiempo cuando les cuente a mis nietos que estamos en este mundo gracias a la mujer más increíble que pisó la tierra. Y es que eres eso.

Eres eterna, abuela.