Banyalbufar.

Hace ya un tiempo que viniste a buscarme, decidido a dedicarme miradas inéditas que nunca vieron otras.

Me mirabas a mí y la tierra crujía de las ganas que tenía de besarte mientras todas nuestras diferencias se sumaban unas a otras para construir nuestro mundo, en el que ahora vivimos sin tener que dar más explicaciones que las que dirigen a nuestro portal, ese que tantas noches nos ha visto abrazarnos entre el silencio y el ruido que seguimos dispuestos a vencer a carcajada limpia. Continuar leyendo «Banyalbufar.»

El neurótico.

Me gustan los Sábados porque me despierto y sigues aquí, y tu presencia llena el hueco vacío que me impide verte despertar el resto de días ocupados de rutinas aburridas. Y desayunar sin prisa mientras nos miramos y sonríes porque tú sabes que yo sé que los dos sabemos que sigues siendo el ancla que impide que me haya perdido a la deriva. Y créeme, lo sé muy bien.

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El mundo y tu.

Hemos conquistado incontables calles contradiciendo a todos los que nos decían que era imposible quererse tanto sin romperse por dentro. Hay calles que nos han visto querernos más que las sabanas del hotel donde nos cosimos lento. Todavía llueve en aquellos rincones donde generamos tormentas de tanto mirarnos.

Deberíamos volver siempre antes de iluminar ciudades nuevas con el brillo de tus ojos. Volver a Madrid. Volver a Roma. Volver a casa. Volver a los lugares donde hemos sido tan felices que todavía hay rastro de mis huellas borradas para no encontrar el camino de vuelta nunca.

(Si para volver solo necesitas cerrar los ojos es que el viaje ha merecido la pena.)

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Vuelta al Big Bang.

Hoy he vuelto a pasar por dónde empezó todo.

He pasado por donde te miré por primera vez como te miro ahora y las puertas del parque estaban abiertas de par en par, exactamente igual que la primera madrugada que me acompañabas a casa caminando despacio para no llegar nunca.

He pasado y el tiempo también.

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Treinta y uno.

A los días que tu pelo no aparece por la puerta les guardo un rencor gris especial desde hace un Octubre. Quería decirte que el dorado de tu pelo y el mar de tus ojos me pareció tan inaccesible que casi no llego. Al final llegué y aquí estamos. Sentirme idiota por amor es lo mejor que me ha pasado.
Que Halloween deje de ser una fiesta lúgubre no ha sido fácil, pero mira, lo has conseguido. El día de todos los santos se convirtió en el día de todos los salvados. Porque créeme, me has salvado.
Las palabras se acumulan y no llegan. Que me enamoré de tu risa, tus manos. Tu testarudez es proporcional a la belleza que me dejó sin habla el primer día que me asomé a tu cara. Cuento en suspiros las veces que me miras. Yo te miro a escondidas pensando que es una jodida suerte  que te quedes.
La chica del baile, de la pizza y de mis sueños. La que se esconde a beber Coca-Cola busca la felicidad entre mis alas. Le cuenta a su perra que quiere alas para atravesar el cielo. Espera, te doy las mías, y nos vamos.
La incomprensión trazó el camino pero no saben que este amor es antibalas. A sus juicios de valor los mataré a besos en tu boca, tu cuello y tu barriga. Déjame quedarme a ver como te muerdes las uñas cuando no comprendes el mundo, te juro que me quedaré a verte bailar hasta la madrugada.