El mundo y tu.

Hemos conquistado incontables calles contradiciendo a todos los que nos decían que era imposible quererse tanto sin romperse por dentro. Hay calles que nos han visto querernos más que las sabanas del hotel donde nos cosimos lento. Todavía llueve en aquellos rincones donde generamos tormentas de tanto mirarnos.

Deberíamos volver siempre antes de iluminar ciudades nuevas con el brillo de tus ojos. Volver a Madrid. Volver a Roma. Volver a casa. Volver a los lugares donde hemos sido tan felices que todavía hay rastro de mis huellas borradas para no encontrar el camino de vuelta nunca.

(Si para volver solo necesitas cerrar los ojos es que el viaje ha merecido la pena.)

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Vuelta al Big Bang.

Hoy he vuelto a pasar por dónde empezó todo.

He pasado por donde te miré por primera vez como te miro ahora y las puertas del parque estaban abiertas de par en par, exactamente igual que la primera madrugada que me acompañabas a casa caminando despacio para no llegar nunca.

He pasado y el tiempo también.

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Treinta y uno.

A los días que tu pelo no aparece por la puerta les guardo un rencor gris especial desde hace un Octubre. Quería decirte que el dorado de tu pelo y el mar de tus ojos me pareció tan inaccesible que casi no llego. Al final llegué y aquí estamos. Sentirme idiota por amor es lo mejor que me ha pasado.
Que Halloween deje de ser una fiesta lúgubre no ha sido fácil, pero mira, lo has conseguido. El día de todos los santos se convirtió en el día de todos los salvados. Porque créeme, me has salvado.
Las palabras se acumulan y no llegan. Que me enamoré de tu risa, tus manos. Tu testarudez es proporcional a la belleza que me dejó sin habla el primer día que me asomé a tu cara. Cuento en suspiros las veces que me miras. Yo te miro a escondidas pensando que es una jodida suerte  que te quedes.
La chica del baile, de la pizza y de mis sueños. La que se esconde a beber Coca-Cola busca la felicidad entre mis alas. Le cuenta a su perra que quiere alas para atravesar el cielo. Espera, te doy las mías, y nos vamos.
La incomprensión trazó el camino pero no saben que este amor es antibalas. A sus juicios de valor los mataré a besos en tu boca, tu cuello y tu barriga. Déjame quedarme a ver como te muerdes las uñas cuando no comprendes el mundo, te juro que me quedaré a verte bailar hasta la madrugada.

Fuera de peligro.

Al borde del precipicio las vistas son más bonitas pero el vértigo no te deja respirar. Todo lo que un día aborreciste te parece más esencial que los primeros rayos de primavera. Será que somos todos muy valientes hasta que el lobo nos arranca las orejas.
El momento en el que crees tenerlo todo bajo control bajas la guardia y acabas con un pie en el vacío intentando hacer equilibrios imposibles entre la culpa y la incomprensión de cómo coño hemos llegado a este punto. Nos hemos creído invencibles, infinitos, inmortales, y nos lo hemos creído tan bien que ha venido la vida a partirnos la cara.
Nos ha pillado la realidad sin fuerzas enseñándonos a hostia limpia que los amores eternos son la ficción más deseada de la historia y que nosotros, amor mío, no íbamos a ser diferentes. Nos hemos creído especiales mientras pagamos por ello las consecuencias de ir sin frenos. Me he quedado con la cara blanca y el corazón a trozos en la mano con la absurda esperanza de estar metida en una pesadilla horrible de la que en algún momento me vas a despertar.
Pero no.
Bienvenida al mundo real, querida.
Sintiendo el frío que ha crecido de repente de la nada entre nosotros me pregunto si será, si será que lo hemos hecho todo mal, si será que el amor es la mentira inventada y mayor explotada para que la existencia no nos duela tanto. Y mientras me congelo espero que cruces el mar que hemos helado a nado para darme un abrazo y decirme que tranquila, que estos son los sustos normales de la vida, que vamos a solucionarlo con un montón de palomitas, risas y chocolate. Pero sigues al otro lado igual de congelado, que yo, que nosotros, que nuestros días. Qué nos está pasando, joder, qué.
Espero que sepas coser un descosido o descongelar un continente, que decidas quedarte a luchar contra nuestros monstruos mientras volvemos a ser conscientes de que somos igual de especiales que el resto de gente que intenta quererse sin tener ni puta idea de lo que estamos haciendo.
Quédate y empezamos el deshielo.

Repeat.

Hoy las palabras del diccionario no alcanzan la inmensidad de lo que me apetece quererte. La angustia que genera no poder explicar lo que te intento decir es más molesta que el zumbido del mosquito que no te deja dormir.
Al que me hace chocolate cuando el dolor no me deja dormir le reservo una parte tan grande de mi corazón que al final del día no me cabe en el pecho.
Cuando hablo de ti las palabras no saben de justicia. No hay ni una sola página válida que defina lo que me das, lo que me miras, lo que me cuidas.
Pero qué te voy a decir, si yo ya lo sabía. Ya sabía el primer día que rodeaste mi cintura con tus brazos que nunca más iba a querer balancearme en otro columpio. Era Octubre y llovía, aunque desde entonces siempre brilla el sol.
Al final ya te lo he dicho todo, por eso voy a terminar repitiéndome, diciéndotelo con palabras mías que ya te dije un día cualquiera; “Y que su incomprensión sea la cama en la que nos revolcamos con ganas de comernos el mundo, y la vida. De repasarnos las arrugas mientras pasa el tiempo sabiendo que de aquí podemos irnos sin obligación alguna con la certeza, eso sí, que al menos hemos tenido la valentía de intentar amarnos con toda la fuerza que el mar pone en las olas y que a veces, sin querer, ahoga vidas. “